¿7 años o 1 día en París?
¿Cuándo comenzó realmente ese viaje a París? Para mí hace 7 años se emprendió esté viaje junto a mi esposa. Soñábamos juntos en el jardín de nuestra casa que nos despertábamos con los rayos finos del sol de verano europeo en nuestra cara, con la emoción de salir del Art Hôtel, al café más cercano a comernos un delicioso Croissant de Ricotta acompañado de un rico y espumoso café. Recuerdo que planeábamos que justo al terminar ese placentero desayuno, pagaríamos la cuenta rápidamente y comenzaríamos a recorrer toda la ciudad, como simples turistas que después de mucho esfuerzo caminarían a cumplir su sueño.
Ese primer día en Paris después de desayunar en el “Café Tabac”, caminamos sin un rumbo fijo a cualquier parte de París para deleitarnos de tan bella ciudad, sin problemas, con tranquilidad, respirando aire puro y con el dulce cantar de las aves. Después de 40 minutos decidimos que tomar un taxi era la mejor opción para continuar con tan afanada odisea, y sin pensarlo dos veces, tomamos un taxi le dijimos al señor que tomara la ruta más larga hasta el Museo de Louvre. Llegamos al lugar, nos bajamos del carro y seguimos sus indicaciones con un mapa en la mano, y tal como él lo dijo después de cruzar la calle doblando en la esquina estaba nuestra primera parada turística, y debo admitir que a pesar de conocer sobre la pasión por el arte de mi esposa, me es imposible olvidar como se iluminaron sus ojos al ver esa estructura de 21,6 metros de altura, su cara de emoción y terror eran irrepetibles. Reconozco que lo más sorprendente era la entrada, pues lo que nos imaginábamos no se puede comparar con lo que vivimos ese día. Fueron más de 4 horas de recorrido, hasta que terminó nuestro tour en ese lugar; la expresión de mi esposa de asombro y satisfacción no cesó en ningún momento hasta salir del museo.
Al Salir, aún anonadados, nos apresuramos a tomar otro taxi que nos llevara hasta el famoso “Barrio latino” donde almorzamos una muy sabrosa comida española a muy buen precio con la compañía de un buen vino, sin embargo, me atrevo a decir que mejor que la comida fue la comodidad en la que nos sentimos, sentados en un balcón con vista a las montañas de copo nevado y debajo de nosotros un hermoso riachuelo de color verdoso azulado que en su recorrido traía consigo una melodiosa caída de agua que estimulaba nuestros sentidos de relajación y deleite. Al terminar, nos apresuramos a tomar el siguiente taxi para ir directo al Arco Del Triunfo, ubicado en la plaza Charles de Gaulle, fue realmente emocionante, lo primero que hice al llegar a nuestra tercera parada fue buscar el nombre de Francisco Miranda, y tal como en los libros de bachillerato, en conjunto con todos los revolucionarios se encontraba el nombre de Miranda; seguidamente, recuerdo que sin cruzar ni una sola palabra contemplamos ese hermoso monumento que teníamos en frente y que posiblemente pasarían años antes de que volviéramos a estar allí.
Luego de una hora en el Arco del Triunfo y sin aliento, decidimos caminar hacia nuestra cuarta y ultima parada, para mí la más importante y anhelada parada turística; la Torre Eiffel. No logré capturar ese momento, me hubiese gustado ver mi expresión al ver mi sueño hecho realidad, pues la verdad no se me olvida cómo mis ojos se inundaron de lágrimas que reflejaban mi felicidad, pues estábamos justo donde queríamos, donde habíamos soñado, pudimos pasar todos los obstáculos para llegar, todas esas noches en vela habían valido la pena, todos los trabajos habían rendido un fruto, y lo más importante es que tal como lo fantaseábamos en el jardín de la casa, mi esposa y yo estábamos sentados uno al lado de otro contemplando la Torre Eiffel en aquella tarde con el naranja del sol avivando nuestros sentidos. Debo decir que, lo más sorprendente era que aunque llevábamos sólo un día en París, sentía que ya lo conocíamos de memoria, y aunque nuestro pasaporte decía que teníamos un día, en nuestra imaginación teníamos 7 años en esa hermosa ciudad.
La canción se llama "París" de La Oreja De Vang Goh.

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