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domingo, 13 de febrero de 2011

La pequeña Rapunzel.

Los escritores de cuentos de hadas siempre han mentido. Mejor dicho, no es que ellos hayan mentido, la cosa es que siempre te inventan una historia y nunca te consultan realmente qué es lo que quieres ser a la hora de crearte. Seguramente ellos se imaginan algo o a alguien y le comienzan a dar forma a su antojo. ¡Estoy muy molesta!  Por eso les quiero contar cómo fue que logré salirme del patético y falso cuento de Rapunzel.
Ésta que ven aquí soy yo, por fin logre salirme de ese cuento de hadas donde todoses mentira. Justo cuando se les acaba la imaginación a los escritores, dejan la historia sin terminar, es decir, que siga el curso que cualquiera le quiera dar. Pero yo logre salir. ¿Cómo? Pues fácil. Sólo me bastó hacer un contacto con el mundo real. Llamé a mi buena amiga Veruca la de Charle y la fabrica de chocolates. Pero se estarán preguntando cómo llegue yo a tener contacto con ella. Pues fácil, las dos fuimos creadas por alguien y en este mundo del medio no hay nada oculto. Aunque les confieso que fue un poco difícil, porque yo estaba aquí en el mundo de las maravillas y ella allá en la tierra de nunca jamás y, sin embargo, no fue difícil buscar a campanita para que le diera el recado a Veruca
         Imagínense ustedes la odisea que tuve que pasar. Pero ahora seguramente tienen otra interrogante como ésta ¿Por qué si era “feliz para siempre” me quería ir de mi palacio y dejar a mi príncipe azul? Pues fácil, la explicación esté en lo que les decía al principio, todo en este mundo es una falsedad, con decirles que mi príncipe azul ni nombre tenía, siempre era príncipe azul o bello joven. Puras blasfemias. Puras tonterías.
Les cuento mis motivos reales, cuando comenzaron a crearme estaba destinada a una historia más real que la mía, iba a ser la protagonista de una película donde sería una joven aviadora con sueños, que es bella, sufre y vive cosas reales. Esa idea me encantó, por fin iba a poder enamorarme de uno entre mil. Pero todo cambió desde el momento en que los hermanos Grimm después de una pesadilla o algo parecido me metieron en el ridículo cuento de Rapunzel y me cambiaron el nombre. Siempre me quise llamar Anahí; desde ese momento, no han dejado de utilizarme como referencia cultural para un sinfín de cosas, sin embargo, debo admitir que si no fuese sido por los hermanos Grimm ahorita no sería nada ni nadie, eso sí se los agradezco. Pero volviendo al caso ¡me cansé!
 Después de que cámpanita le diera mi recado a Veruca, sólo me quedaba esperar a que esta niña ambiciosa hablara con su papá para que le comprara la famosa máquina de Willy Wonka, esa que con un rayo laser pasa a los personajes de la televisión a la vida real, la que iba a funcionar con esa cosa de los chocolates para que la gente pudiera probar lo terribles que son. ¡Ops! Perdón los sabrosos que son. Sin desviarme del tema, así fue como logre salir de ese mundo irreal.
Veruca convenció a su papá de que le comprara la máuina. A penas llego a su casa me devolvió el mensaje con campanita, cámpanita me dijo que si deseaba tanto ir al mundo de los humanos tenía que darle mi voz a cambio de mi ida al mundo real. Que patético realmente. La muy estúpida se asesoró con Úrsula, la enemiga numero uno de la sirenita. Pero aún así, estaba casi decidida a hacerlo, pero había algo dentro de mí que me decía que me reusara a hacer una mezcla de cuentos de hadas. Así que como yo soy más astuta que ella, eso porque ella no puedo ni siquiera lidiar con las ardillas, recordé que ella es deseosa y le ofrecí un dulce cambio, si ella me concedía el favor de cederme el paso a su mundo yo le dejaría a mi príncipe azul sin nombre para que le pusiera el que ella quisiera y todo su reino, así no tendría que preocuparse más nunca de nada, le dije que mi príncipe azul tenía mucho más dinero que su papá y que la complacería en todo como a mi. La muy tonta cayó en mi trampa y aceptó. Nunca le dije que todo eso es mentira. Al final, gane mucho mas de lo que esperaba, los papás de Veruca me amaron de por vida, les quité un gran peso de encima.

Les comento que fue algo difícil instalarme en el mundo real, estaba acostumbrada a muchos lujos. Pero no había nada que interrumpiera mi sueño de ser lo que el principio me tenía destinado, una aviadora. Llegué a la casa de los papás de Veruca donde pude convivir con ello unos días, mientras me ayudaban a comportarme  y adaptarme en la ciudad. Tuve que salir a comprar ropa nueva y un montón de cosas que en mi mundo no había. Si les cuento la verdad, no se me hizo difícil, con hablar con mi amigo el espejito mágico, me mostraba todas las tardes cómo era el mundo real y ahí fue como aprendí mucho del mundo real. Si se preguntan cómo hacía para hablar con el espejo les diré: Pues fácil. Pero no les daré detalles para evitarle un problema con la bruja malvada. En fin, me dediqué a cumplir mi sueño, de ser alguien de verdad. Algo parecido a la historia de pinocho pero no tan trágica.
Luego de algunos años presenté la prueba de admisión en la Escuela de Aviación, había estudiado lo suficiente para quedar admitida. Aunque, siempre tenía algún remordimiento de conciencia que me llevaba a pensar a querer volver al palacio, a ese mundo irreal, mi corazón me daba puntadas más fuertes de querer seguir adelante con mi sueño.
Después de cinco laboriosos años logre graduarme. Es aquí donde estoy, en mi desfile de acto de graduación con mi glorioso uniforme que con esfuerzo logré ganarme. Por fin soy feliz y aunque detrás de mi tenga la puerta del mundo de las maravillas que me insinúa que vuelva, sé que mis sueños y metas están aquí, en el mundo real.

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