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viernes, 11 de febrero de 2011

Mi dulce historia.


Sí, es verdad esa soy yo. ¿Increíble verdad? Les cuento, eso sucedió un día en el que salí de casa con el perfume que me regaló mi mamá, era un “Coco chanel” muy dulce por cierto. Fui a lucir mi perfume nuevo con mis amigas de la manada, pero como eran las 12:00 del medio día no encontré a ninguna de mis amigas paseando por el campo ¡que rabia! En fin, empecé a caminar  por el bosque y me conseguí a mi amigo el lobo feroz, ese al que caperucita le culpa de haberse comido a su abuelita; con lo cual yo estoy segurísima que el no fue. El parece un peluche muy tierno al que provoca dormir abrazado toda la noche, es toda una dulzura ese lobo.  Me advirtió que tuviese cuidado con los tres leopardos que vivían al final de la represa, que no me les acercara mucho que me podía comer, pero la verdad es que no le creí mucho. Así que llame a mi amigo bambi para ver si era verdad lo que el lobo me había dicho. Fíjense que el lobo tenia razón, los leopardos eran malvados; ya decía yo que lo había visto en national geographic.
Sin más ni menos, seguí mi camino luciendo mi esplendido perfume. Todo era realmente hermoso, por donde yo pasaba el aroma de mi perfume hacia que crecieran las flores y que los arboles retoñaran sus hojas, que maravilla. Aquí es donde entra mi escena, yo y los tres leopardos. Sus miradas eran tenebrosas así como si me quisieran comer. Estaba aterrada, pero no tenia otra alternativa tenia que seguir. Camine y con mi cabeza bien en alto los salude como si nada y aproveche y les guiñe el ojo, los tres sorprendidos obviamente con mi sutil belleza y mi piel aterciopelada extremadamente cuidada con crema dove se  acercaron y me saludaron con cara de felicidad. 
Me detuve a charlar un rato con ellos, a preguntarles por el clima y  por el rey león que llevaba algún tiempo sin verlo, la verdad no se me ocurrió mas nada que preguntarles. En algún instante el más pequeño que era todo un galán de telenovela se me acerco con una mirada sensual y me dijo:
-linda que ojos tan grandes tienes. Y le dije son para verte mejor.
-que patas tan largas tienes. Y le dije: son para correr mejor.
-que boca tan grande tienes. Y le dije son para besar mejor.
De pronto me dijo. – que olor tan paradisiaco tienes.
 Quede en shock, no le pude contestar, estaba nerviosa y las patas me temblaban de la emoción.  Yo sabia que el perfume que mamá me regalo me serviría para conquistar algún hombre en la selva.  Medite internamente y luego de unos segundos pensé y le conteste: es para  seducirte mejor. Fue entonces donde aquel noble leopardo me enamoró cuando lamio mi cuello, se llevo mi corazón y fuimos felices para siempre como en los cuento de hadas. Fin.


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