Una bonita mañana de verano, un sol resplandeciente, la suave brisa sobre tu rostro y tu perfecta sonrisa. Estos son los recuerdos que han quedado en mi mente desde el día en que te conocí. ¡Pocahontas! – Dije yo, y una melodiosa risa salió tu boca para hacerme sonreír.
Algún tiempo pasó entre nosotros, llenos de libros, palabras y letras que se fueron interponiendo en el destino de una fuerte amistad que el destino asechaba. Mas aun así, fueron nuestros corazones llenos de alegría y sabiduría quienes perseveraron en la lucha de que los lazos divinos de la amistad no fuesen interrumpidos por ningún ser maligno.
Cientos de horas por las cuales fuimos dando pasos en nuestro destino, son los causantes de que cada vez que el caluroso verano atraviese un año de mi vida, haga que me siente bajo la sombra de un bonsái y recuerde aquella sonrisa no ha dejado de tocar su melodía para hacerme inmensamente feliz. Claro, es así como todavía seguimos juntos.
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