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domingo, 20 de febrero de 2011

Mi lugar para cuidar.

Todos tenemos una casa con un pequeño lugar donde está nuestro pequeño mundo. El mío se llama habitación. Todos sabemos lo que es una habitación o también llamado dormitorio, pieza o cuarto que normalmente es usada para el descanso del cuerpo y, sin embargo, también puede utilizarse para leer, ver la televisión, vestirse o realizar otras actividades comunes.
 Qué mejor lugar  que un  dormitorio para desparecerse del mundo exterior y encontrarse con su propio yo. Es aquí donde tengo mi templo de paz, mi mundo, mi todo.
Mañana tras mañana tengo que salir de él con mis enormes ojeras y las marcas de la sábana en mi rostro, y conmigo sólo se queda la nostalgia de quedarme allí y seguir durmiendo. Posiblemente la mayoría de las personas pasen por la misma situación que yo cada mañana. Lo único que me consuela es que sé que al finalizar el día podré llegar a casa y encontrarme con lo más valioso que tengo en mi casa, mi cuarto y dentro de mi cuarto mi cama. Mi bella y apreciada cama. Podría decir con toda seguridad que mi cama es una nube de algodón, y me refiero a ella no como un objeto sino como una parte de mí. En ella puedo pasar horas y horas durmiendo y nunca se queja, hasta podría asegurar que mi cama siente algún cariño por mí.
Algunos días me siento sobre ella a estudiar o hacer esas cosas cotidianas que hacemos los seres humanos en la cama, otros lo único que hago es acostarme y ver una buena película acompañado de ella. Para mí es como de la familia, le puedo hablar por horas y ella está ahí escuchándome, puedo compartir mis ideas, puedo llorar y me seca las lágrimas. Sin duda alguna es mi amiga.
Como todo en la vida sé que algún día cuando crezca la tendré que cambiar, espero que no sea pronto, porque hasta ahora nadie me ha entendido como ella. Es por eso que pienso cuidarla con el mayor afecto que le puedo ofrecer. La visto con las mejores sábanas y me acuesto bañado y con mi pijama para no ensuciarla ni arruinarla. De verdad la quiero mucho. Ojalá todas las personas cuidaran sus camas como yo lo hago con la mía. No sólo por el simple hecho de que es algo material ni cualquier otra cosa, sino porque si las personas no cuidan lo que tienen por más insignificante que sea, no podrán cuidarse a sí mismos y nadie los podrá valorar.
Por ello invito a todas las personas que lean este texto a que empiecen por  cuidar su cama, su closet sus cosas y todas esas primeras cosas personales que uno guarda en este recinto. Para luego convertir este mensaje en una cadena valorativa de las cosas que poseemos en este mundo, que de alguna forma nos pertenecen y en algunos casos tenemos que compartir con las personas que  conviven con todos nosotros. Porque vivir en un mundo donde todo está en orden y en armonía es como vivir en un templo de paz.

domingo, 13 de febrero de 2011

La pequeña Rapunzel.

Los escritores de cuentos de hadas siempre han mentido. Mejor dicho, no es que ellos hayan mentido, la cosa es que siempre te inventan una historia y nunca te consultan realmente qué es lo que quieres ser a la hora de crearte. Seguramente ellos se imaginan algo o a alguien y le comienzan a dar forma a su antojo. ¡Estoy muy molesta!  Por eso les quiero contar cómo fue que logré salirme del patético y falso cuento de Rapunzel.
Ésta que ven aquí soy yo, por fin logre salirme de ese cuento de hadas donde todoses mentira. Justo cuando se les acaba la imaginación a los escritores, dejan la historia sin terminar, es decir, que siga el curso que cualquiera le quiera dar. Pero yo logre salir. ¿Cómo? Pues fácil. Sólo me bastó hacer un contacto con el mundo real. Llamé a mi buena amiga Veruca la de Charle y la fabrica de chocolates. Pero se estarán preguntando cómo llegue yo a tener contacto con ella. Pues fácil, las dos fuimos creadas por alguien y en este mundo del medio no hay nada oculto. Aunque les confieso que fue un poco difícil, porque yo estaba aquí en el mundo de las maravillas y ella allá en la tierra de nunca jamás y, sin embargo, no fue difícil buscar a campanita para que le diera el recado a Veruca
         Imagínense ustedes la odisea que tuve que pasar. Pero ahora seguramente tienen otra interrogante como ésta ¿Por qué si era “feliz para siempre” me quería ir de mi palacio y dejar a mi príncipe azul? Pues fácil, la explicación esté en lo que les decía al principio, todo en este mundo es una falsedad, con decirles que mi príncipe azul ni nombre tenía, siempre era príncipe azul o bello joven. Puras blasfemias. Puras tonterías.
Les cuento mis motivos reales, cuando comenzaron a crearme estaba destinada a una historia más real que la mía, iba a ser la protagonista de una película donde sería una joven aviadora con sueños, que es bella, sufre y vive cosas reales. Esa idea me encantó, por fin iba a poder enamorarme de uno entre mil. Pero todo cambió desde el momento en que los hermanos Grimm después de una pesadilla o algo parecido me metieron en el ridículo cuento de Rapunzel y me cambiaron el nombre. Siempre me quise llamar Anahí; desde ese momento, no han dejado de utilizarme como referencia cultural para un sinfín de cosas, sin embargo, debo admitir que si no fuese sido por los hermanos Grimm ahorita no sería nada ni nadie, eso sí se los agradezco. Pero volviendo al caso ¡me cansé!
 Después de que cámpanita le diera mi recado a Veruca, sólo me quedaba esperar a que esta niña ambiciosa hablara con su papá para que le comprara la famosa máquina de Willy Wonka, esa que con un rayo laser pasa a los personajes de la televisión a la vida real, la que iba a funcionar con esa cosa de los chocolates para que la gente pudiera probar lo terribles que son. ¡Ops! Perdón los sabrosos que son. Sin desviarme del tema, así fue como logre salir de ese mundo irreal.
Veruca convenció a su papá de que le comprara la máuina. A penas llego a su casa me devolvió el mensaje con campanita, cámpanita me dijo que si deseaba tanto ir al mundo de los humanos tenía que darle mi voz a cambio de mi ida al mundo real. Que patético realmente. La muy estúpida se asesoró con Úrsula, la enemiga numero uno de la sirenita. Pero aún así, estaba casi decidida a hacerlo, pero había algo dentro de mí que me decía que me reusara a hacer una mezcla de cuentos de hadas. Así que como yo soy más astuta que ella, eso porque ella no puedo ni siquiera lidiar con las ardillas, recordé que ella es deseosa y le ofrecí un dulce cambio, si ella me concedía el favor de cederme el paso a su mundo yo le dejaría a mi príncipe azul sin nombre para que le pusiera el que ella quisiera y todo su reino, así no tendría que preocuparse más nunca de nada, le dije que mi príncipe azul tenía mucho más dinero que su papá y que la complacería en todo como a mi. La muy tonta cayó en mi trampa y aceptó. Nunca le dije que todo eso es mentira. Al final, gane mucho mas de lo que esperaba, los papás de Veruca me amaron de por vida, les quité un gran peso de encima.

Les comento que fue algo difícil instalarme en el mundo real, estaba acostumbrada a muchos lujos. Pero no había nada que interrumpiera mi sueño de ser lo que el principio me tenía destinado, una aviadora. Llegué a la casa de los papás de Veruca donde pude convivir con ello unos días, mientras me ayudaban a comportarme  y adaptarme en la ciudad. Tuve que salir a comprar ropa nueva y un montón de cosas que en mi mundo no había. Si les cuento la verdad, no se me hizo difícil, con hablar con mi amigo el espejito mágico, me mostraba todas las tardes cómo era el mundo real y ahí fue como aprendí mucho del mundo real. Si se preguntan cómo hacía para hablar con el espejo les diré: Pues fácil. Pero no les daré detalles para evitarle un problema con la bruja malvada. En fin, me dediqué a cumplir mi sueño, de ser alguien de verdad. Algo parecido a la historia de pinocho pero no tan trágica.
Luego de algunos años presenté la prueba de admisión en la Escuela de Aviación, había estudiado lo suficiente para quedar admitida. Aunque, siempre tenía algún remordimiento de conciencia que me llevaba a pensar a querer volver al palacio, a ese mundo irreal, mi corazón me daba puntadas más fuertes de querer seguir adelante con mi sueño.
Después de cinco laboriosos años logre graduarme. Es aquí donde estoy, en mi desfile de acto de graduación con mi glorioso uniforme que con esfuerzo logré ganarme. Por fin soy feliz y aunque detrás de mi tenga la puerta del mundo de las maravillas que me insinúa que vuelva, sé que mis sueños y metas están aquí, en el mundo real.

viernes, 11 de febrero de 2011

Para mi amiga Belén.


Una bonita mañana de verano, un sol resplandeciente, la suave brisa sobre tu rostro y tu perfecta sonrisa. Estos son los recuerdos que han quedado en mi mente desde el día en que te conocí. ¡Pocahontas! – Dije yo, y una melodiosa risa salió tu boca para hacerme sonreír.

Algún tiempo pasó entre nosotros, llenos de libros, palabras y letras que se fueron interponiendo en el destino de una fuerte amistad que el destino asechaba. Mas aun así, fueron nuestros corazones llenos de alegría y sabiduría quienes perseveraron en la lucha de que los lazos divinos de la amistad no fuesen interrumpidos por ningún ser maligno. 

Cientos de horas por las cuales fuimos dando pasos en nuestro destino, son los causantes de que cada vez que el caluroso verano atraviese un año de mi vida, haga que me siente bajo la sombra de un bonsái y recuerde aquella sonrisa no ha dejado de tocar su melodía para hacerme inmensamente feliz. Claro, es así como todavía seguimos juntos.

Mi dulce historia.


Sí, es verdad esa soy yo. ¿Increíble verdad? Les cuento, eso sucedió un día en el que salí de casa con el perfume que me regaló mi mamá, era un “Coco chanel” muy dulce por cierto. Fui a lucir mi perfume nuevo con mis amigas de la manada, pero como eran las 12:00 del medio día no encontré a ninguna de mis amigas paseando por el campo ¡que rabia! En fin, empecé a caminar  por el bosque y me conseguí a mi amigo el lobo feroz, ese al que caperucita le culpa de haberse comido a su abuelita; con lo cual yo estoy segurísima que el no fue. El parece un peluche muy tierno al que provoca dormir abrazado toda la noche, es toda una dulzura ese lobo.  Me advirtió que tuviese cuidado con los tres leopardos que vivían al final de la represa, que no me les acercara mucho que me podía comer, pero la verdad es que no le creí mucho. Así que llame a mi amigo bambi para ver si era verdad lo que el lobo me había dicho. Fíjense que el lobo tenia razón, los leopardos eran malvados; ya decía yo que lo había visto en national geographic.
Sin más ni menos, seguí mi camino luciendo mi esplendido perfume. Todo era realmente hermoso, por donde yo pasaba el aroma de mi perfume hacia que crecieran las flores y que los arboles retoñaran sus hojas, que maravilla. Aquí es donde entra mi escena, yo y los tres leopardos. Sus miradas eran tenebrosas así como si me quisieran comer. Estaba aterrada, pero no tenia otra alternativa tenia que seguir. Camine y con mi cabeza bien en alto los salude como si nada y aproveche y les guiñe el ojo, los tres sorprendidos obviamente con mi sutil belleza y mi piel aterciopelada extremadamente cuidada con crema dove se  acercaron y me saludaron con cara de felicidad. 
Me detuve a charlar un rato con ellos, a preguntarles por el clima y  por el rey león que llevaba algún tiempo sin verlo, la verdad no se me ocurrió mas nada que preguntarles. En algún instante el más pequeño que era todo un galán de telenovela se me acerco con una mirada sensual y me dijo:
-linda que ojos tan grandes tienes. Y le dije son para verte mejor.
-que patas tan largas tienes. Y le dije: son para correr mejor.
-que boca tan grande tienes. Y le dije son para besar mejor.
De pronto me dijo. – que olor tan paradisiaco tienes.
 Quede en shock, no le pude contestar, estaba nerviosa y las patas me temblaban de la emoción.  Yo sabia que el perfume que mamá me regalo me serviría para conquistar algún hombre en la selva.  Medite internamente y luego de unos segundos pensé y le conteste: es para  seducirte mejor. Fue entonces donde aquel noble leopardo me enamoró cuando lamio mi cuello, se llevo mi corazón y fuimos felices para siempre como en los cuento de hadas. Fin.